¿QUÉ ES LA BLEFARITIS Y CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?

La blefaritis es un trastorno ocular caracterizado por la inflamación del borde de los párpados como consecuencia de múltiples factores. Por su frecuencia se considera, junto al ojo seco, uno de los motivos más habituales de consulta al oftalmólogo, tratándose en ocasiones de un problema crónico que requiere tratamiento a largo plazo.

Los síntomas típicos de la blefaritis son el picor, escozor, enrojecimiento y descamación del borde de los párpados. También es característico la fotofobia (aumento de la sensibilidad a la luz) y la sensación de arenilla dentro del ojo, sobretodo si se encuentra asociada al síndrome de ojo seco. A diferencia de este último, los síntomas de la blefaritis suelen ser más intensos en las primeras horas de la mañana, tras haber estado durmiendo, y pueden mejorar a lo largo del día.

TIPOS DE BLEFARITIS

Blefaritis seborreica

Se ha sugerido que el exceso de grasa producida por las glándulas de las pestañas está relacionado con este tipo de blefaritis. Las bacterias que viven en el borde del párpado digieren las grasas, transformándolas en sustancias irritantes para el párpado y la superficie ocular. Debido a esto, los párpados se encuentran enrojecidos, inflamados, y las pestañas pegadas unas a otras, recubiertas de grasa y escamas (Fig. 1).

Con frecuencia, este tipo de blefaritis se asocia a otros problemas cutáneos como la dermatitis seborreica del cuero cabelludo u otras áreas del cuerpo.

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Blefaritis estafilocócica

Suele ser más severa que la seborreica. En este caso la inflamación del párpado se ha relacionado con la infección por una bacteria del género Staphylococcus, que además libera una toxina con acción irritante sobre el párpado y la superficie del ojo. La infección da lugar a la formación de escamas, costras duras y secas que se depositan alrededor de las pestañas e irritan el párpado (Fig. 2).

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Meibomitis (o blefaritis posterior)

Aparece a consecuencia de la inflamación de las glándulas de Meibomio, unas glándulas que se localizan detrás de las pestañas, en la zona del párpado que se encuentra más en contacto con la superficie ocular y cuya función es la secreción de una grasa especial que ayuda a la formación de la película lagrimal que recubre al ojo.

El aumento de la producción de grasa por parte de estas glándulas, junto a la acción de las bacterias que viven en el borde del párpado, que las digieren y transforman en otras grasas más espesas, favorece que las glándulas se obstruyan. La grasa se acumula en el interior de las mismas y el párpado se inflama. A veces puede observarse a simple vista la presencia de pequeños granitos en el borde del párpado (Fig. 3).

La meibomitis es a su vez una condición que predispone a la aparición de síndrome de ojo seco, por la falta de uno de los componentes básicos de la lágrima.

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PROBLEMAS OCULARES ASOCIADOS A LA BLEFARITIS

La blefaritis puede ser un factor predisponente para el desarrollo de otros trastornos oculares secundarios. Por lo general, estos problemas no suponen un daño importante para el ojo, y suelen resolverse con el tratamiento adecuado. Los más habituales son:

  • Conjuntivitis y queratitis: acompañan habitualmente a los brotes de blefaritis. Las erosiones corneales superficiales son frecuentes en la meibomitis severa.
  • La formación de orzuelos (Fig. 4) también es frecuente. A su vez, la meibomitis favorece el desarrollo de chalazions, una especie de “orzuelos crónicos” que suelen protruir hacia el interior del párpado, y que por lo general no son dolorosos salvo que se infecten.

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  • Es frecuente, en al menos una cuarta parte de los casos de meibomitis, que se produzca un fenómeno de ojo seco debido a la falta de producción adecuada de grasa por las glándulas. La grasa es un componente fundamental de las lágrimas, y sin ella la película lagrimal se vuelve inestable y pierde su función de protección de la superficie ocular, dando lugar a este conocido síndrome. Los síntomas más frecuentes del ojo seco son el enrojecimiento ocular, la sensación de arenilla dentro del ojo, así como la intolerancia a lentes de contacto en gente joven.
  • Rara vez, en los casos más graves y crónicos, puede aparecer alteraciones corneales más severas, así como la pérdida o crecimiento anómalo de las pestañas.

TRATAMIENTO

Su oftalmólogo puede indicarle diversos tratamientos, dependiendo del tipo de blefaritis y de la gravedad de la misma. El tratamiento puede resultar pesado, y en muchas ocasiones se requiere de forma crónica. En la mayoría de los casos no se consigue un correcto control de la blefaritis si no se siguen las medidas recomendadas.

  • La higiene palpebral es fundamental. La limpieza diaria del borde de los párpados para eliminar las costras y las escamas de las pestañas es la medida más importante para el control de la blefaritis escamosa y estafilocócica. Ésta debe llevarse a cabo una o más veces al día, en función de la gravedad, según le indicará su médico. Para ello se utilizan desde pañuelos o gasas impregnadas en jabón neutro (o gel de ducha infantil), hasta preparados comerciales como geles o toallitas estériles impregnadas con sustancias antimicrobianas, elaboradas especialmente para uso oftálmico, frotando con ellas el borde de los párpados para eliminar los restos pegados a las pestañas.
  • Pomadas con antibióticos aplicadas sobre la superficie del párpado. Se usan para el control de los brotes agudos, como medida adicional; no suelen emplearse de forma crónica.
  • En los casos de meibomitis, la aplicación de gasas o pañuelos calientes sobre el borde de los párpados es útil para desobstruir las glándulas. Cuando esta medida no es efectiva, o en los casos graves, puede emplearse antibióticos por vía oral.
  • También se emplean lágrimas artificiales y otros colirios cuando coexiste un síndrome de ojo seco u otros problemas asociados.

La blefaritis se considera un trastorno crónico, por lo que siempre es recomendable seguir unas mínimas medidas de higiene palpebral en los pacientes que han sufrido brotes con anterioridad.

Dr. Jose Luis Pérez Canales